¿Cómo son mis estrategias de gestión emocional?


En el anterior post aprendimos lo que era la regulación y la disregulación emocional; cómo algunas emociones pueden impactarnos de forma tan intensa que nos hacen sentir bloqueados o descontrolados (según la emoción y la persona) y al final, con el ejercicio que os propuse, pretendía que aprendierais a identificar qué emociones os resultan más difíciles de gestionar a cada uno de vosotros en este momento de vuestra vida.


También os anime a describir cómo habíais gestionado dichas emociones y precisamente de esto es de lo que me gustaría hablaros hoy.


Las estrategias de regulación emocional pretenden disminuir el "calor" del momento emocional a través de distintos mecanismos. Dependiendo de nuestro temperamento, de una forma casi instintiva, cada uno va a tender a responder al impacto emocional de una u otra manera. A lo largo de la infancia y adolescencia, uno de los objetivos es aprender estrategias adecuadas para la regulación emocional. Que dichas estrategias nos permitan vivir libremente protegiendo nuestro modo de ser, pero que también nos faciliten la integración social y la relación interpersonal con otros seres humanos que son diferentes a nosotros.


En el desarrollo de la regulación emocional, tiene un papel importante el ambiente del niño. Los seres humanos aprendemos a valorar las cosas y a nosotros mismos a partir de la respuesta que observamos en nuestras figuras de referencia (padres lo más habitual) por ejemplo, si observamos a nuestra figura de referencia indignarse cada vez que alguien es impuntual y decir frases como "¡menuda falta de respeto!" nosotros aprendemos que la impuntualidad es una falta hacia los demás

¿qué ocurrirá cuando seamos mayores?

le daremos a la puntualidad un gran valor, sintiendo enfado cuando alguien nos haga esperar y sintiéndonos culpables cuando seamos nosotros los impuntuales.

Es decir, las emociones pueden derivarse de factores más temperamentales pero también pueden obedecer o verse moduladas por cuestiones más culturales o de aprendizaje.

Así como la valoración del comportamiento de los demás o de los eventos externos se ve en parte influenciada por el entorno en el que hemos crecido, también ocurre esto con la valoración de nuestra propia emocionalidad, lo que va a interferir con la gestión de la misma. Es decir, si cada vez que expreso mis emociones me regañan por ello o aprecio que se enfadan conmigo, voy a sentirme culpable o enfadado ante mis propias emociones lo que me generará confusión y dificultará aún más la regulación emocional.


Como podéis imaginar, el primer paso para aprender a gestionar las emociones es ACEPTARLAS: permitirnos sentirlas sin juzgarnos por tenerlas.

Cada uno es como es, tiene sus rasgos de personalidad y ha recibido sus propios aprendizajes que le predisponen a sentir de una manera particular. Nosotros no elegimos lo que sentimos... pero sí podemos modularlo y desde luego no somos esclavos de nuestras emociones.


Las estrategias que empleamos para modular las emociones utilizan los recursos de los que cada uno dispone; a veces esto se hace de forma intuitiva pero en general resulta de gran ayuda que nuestros modelos de referencia sean personas que, a través de su ejemplo nos vayan mostrando cómo hacerlo: si mis padres aprendieron a regular su estrés empleando el mindfulness, yo tendré esta práctica más integrada en mi vida como método para manejar mi propio estrés cuando sea adulto, Por poner un ejemplo.


Para elaborar nuevas estrategias de regulación, primero debemos definir cuales son mis estrategias actuales de manejo; es decir, que mecanismos son los que estoy utilizando a día de hoy para intentar regular las emociones y si éstos son adaptativos o, por el contrario me dificultan la adaptación al entorno.


Algunos ejemplos de estrategias de afrontamiento inadecuadas serían:


Darle vueltas a lo sucedido, o a lo que está por venir, una y otra vez.

Gritar a terceros (o agredirles fisicamente), manipularles para hacerles sentir culpables o para sentir control sobre ellos.

Aislarme de mi entorno, evitar actividades de disfrute con otros.

Comer emocional.

Beber alcohol o utilizar otras sustancias para sobrellevar mi malestar.

Mantener relaciones sexuales de riesgo ante emociones abrumadoras.

Comprar para intentar mitigar estas emociones.

Pasar horas viendo Tv o en redes sociales para evitar enfrentarme a estas emociones.

Autolesionarme para intentar disminuir mi angustia.


EJERCICIO


¿Eres capaz de identificar alguna de las estrategias de la lista en tu comportamiento habitual?

¿Se te ocurre alguna otra?

Apúntalas todas y trata de ser más consciente de ellas a lo largo de estos días.


Espero que te resulte útil esta información, que te ayude a conocerte mejor, a aceptarte más y a quererte hasta el infinito.

Te espero en @anamasvilla deseando leer tus dudas y avances.


un abrazo






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