Aprender a regular las emociones es una muestra de cariño hacia mí mismo





Los seres humanos funcionamos en muchos aspectos con umbrales de sensibilidad:

•Algunas personas tienen mayor tolerancia al dolor y otras experimentan dolor con mayor facilidad

•Algunas personas se sienten frustradas con frecuencia y a otras les resulta más sencillo aceptar los imprevistos

•Algunas personas conviven con la tristeza de forma pacífica y a otras les resulta excesivamente abrumadora y les deja bloqueados.

¿De qué depende que nos sintamos más o menos afectados por este tipo de cosas?

El cerebro tiene una sensibilidad individual para estas experiencias; esta sensibilidad es en parte heredada y en parte cultural o aprendida.

Es decir, Cada uno de nosotros nace con una habilidad especial para detectar determinadas emociones o sensaciones. De igual manera que podemos ser más sensibles al olfato o a la vista (nuestro cerebro detecta antes y con más detalle la info que se recoge con determinados órganos) también es más sensible a algunas emociones (o a todas cómo pasa con aquellos que poseen un don artístico global).


La función de las emociones es informar: nos informan sobre nuestra relación con la realidad. Es decir es información subjetiva porque no me hablan de la realidad en si, sino de lo que yo pienso de la realidad. Por decirlo de otra forma, me hablan de mí mismo, de como soy yo y de como reacciono yo a las cosas.

La realidad es, independientemente de como yo me siento al respecto. Lo que cambia es como yo la interpreto, que aspectos son más o menos relevantes para mí.


En cuestiones de regulación emocional, la dificultad está en que el cerebro tiende a establecer patrones de manejo emocional que no tienen porque ser los adecuados. En ocasiones nos dejamos llevar por la emoción pensando que, al darle rienda suelta vamos a sentirnos mejor. No nos damos cuenta de que algunas conductas perpetúan estos patrones emocionales desagradables, haciéndonos cada vez “más esclavos” de la emoción. Por poner un ejemplo:

La tristeza favorece la tendencia al aislamiento. Como me siento triste no tengo ganas de relacionarme con los demás; sin darme cuenta, al no relacionarme me siento cada vez menos estimulando y más apático, más y más triste y más y más aislado. Es como un círculo vicioso en el que cada vez me siento peor.

Esto es así con las demás emociones también: si descargo mi ira a través de gritos tiendo a sentirme cada vez más airado, si trato de controlar mis miedos hablándole a todo el mundo de ellos de forma constante, terminan volviéndose cada vez más grandes y difíciles de controlar.


El objetivo de la regulación emocional es comprender que las emociones están ahí para que las escuchemos. En ocasiones la información que aportan nos ayuda en la consecución de nuestros objetivos y en otras ocasiones nos la dificultan... pero en si, no resultan determinantes. Trabajando nuestro mundo emocional podemos conseguir establecer patrones saludables de regulación, identificando qué cosas nos hacen sentir emociones abrumadoras y como podemos lograr no dejarnos arrastrar por ellas.


No se trata de cambiar ni de hacer de nosotros una versión mejorada. Se trata de descubrir qué es lo que necesitamos y de querernos lo suficiente como para aprender a conseguirlo. Se trata de conocerse, aceptarse y quererse.


EJERCICIO


- Para iniciarse en la regulación emocional es preciso identificar qué emoción (o emociones) supone un verdadero reto para mí. En qué estado emocional me resulta más complejo controlar mis actos y volver a mi estado basal de serenidad y equilibrio.

- También sería interesante tratar de ver qué cosas hago cuando me encuentro en esta situación. A veces podemos creer que estos actos resultan imposibles de controlar, en el momento nos dejamos llevar por la emoción sintiéndonos culpables después... aprender a regular la emoción de forma adaptativa es posible, pero no es cuestión de magia. Primero hay que describir qué ocurre y cuando ocurre para ir poco a poco trabajando sobre ello.


Para ayudarte puede resultarte útil realizar un registro de tus emociones abrumadoras al final de cada día y reflexionar un poco sobre:

¿cómo me sentía?

¿cómo manejé la situación?

¿qué cosas buenas y qué cosas malas obtuve de mi conducta?


Trabaja el ejercicio a lo largo de estos días y en el próximo post afrontaremos el siguiente paso. Si tienes cualquier duda puedes dejarla en los comentarios de la publicación de mi Instagram @anamasvilla que tiene la misma foto que esta entrada del blog o en los comentarios de este mismo post.


¡Un abrazo!

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